domingo, 18 de julio de 2010

BRILLA


BRILLA,
CON ESA LUZ QUE TE ES PROPIA.
CONQUISTA TUS VICTORIAS,
EN LA TAREA DE CADA DÍA…
Y EMPÉÑATE EN SUPERARTE,
SIEMPRE FIEL,
A QUIÉN ERES DE VERDAD.

LO QUE QUIERO DECIRTE,
ES QUE LA IDENTIDAD ES ALGO
ÚNICO E IRREEMPLAZABLE.
DE NADA SIRVE QUE TE COMPARES CON OTROS.

EN CAMBIO,
ESFUÉRZATE POR CULTIVAR TU VIDA…
Y VERÁS CÓMO SE ADORNA Y EMBELLECE,
CON LA PLENA EXPRESIÓN,
DE TU POTENCIAL SIN LÍMITES.

Por : Daisaku Ikeda
Poeta Laureado

miércoles, 7 de julio de 2010

Abraham Lincoln nunca se dió por vencido

Tal vez el mayor ejemplo de persistencia es Abraham Lincoln. Si quieres aprender de alguien que no se dio por vencido, no busques más. Nacido en la pobreza, Lincoln enfrentó la derrota a lo largo de toda su vida. Perdió ocho elecciones, dos veces fracasó en los negocios y sufrió un colapso nervioso. Podría haberse dado por vencido muchas veces, pero no lo hizo, se convirtió en uno de los más grandes presidentes en la historia de los Estados Unidos. Fue un campeón, y nunca cejó en su empeño. El siguiente es un bosquejo del camino de Lincoln hasta la Casa Blanca:


1816 : Desalojan a su familia de su casa. Tiene que trabajar para mantenerla.

1818 : Muere su madre.

1831 : Quiebra.

1832 : Se presenta para la legislatura estatal y pierde. También pierde su trabajo. Quiere entrar a la facultad de derecho, pero no puede.

1833 : Pide dinero prestado a un amigo para iniciar un negocio y al final del año quiebra. Pasa casi diecisiete años pagando su deuda.

1834 : Vuelve a presentarse para la legislatura estatal. Gana.

1835 : Se compromete para casarse, su prometida muere y queda destrozado.

1836 : Tiene un colapso nervioso total y está en cama durante seis meses.

1838 : Trata de ser potavoz de la legislatura estatal. Es derrotado.

1840 : Trata de ser elector. Es derrotado.

1843 : Se presenta nuevamente para el Congreso, esta vez gana, va a Washington y se desempeña bien.

1848 : Se presenta para la reelección en el Congreso. Pierde.

1849 : Trata de ocupar el cargo de jefe de catastro en su estado natal. Es derrotado.

1854 : Se presenta para el Senado de los Estados Unidos. Pierde

1856 : Intenta obtener la nominación para vicepresidente en la convención nacional de su partido. Obtiene menos de cien votos.

1858 : Se presenta nuevamente para el Senado norteamericano. Vuelve a perder.

1860 : Es elegido presidente de los Estados Unidos.

"El camino era difícil y resbaladizo. Se me resbalaba un pie y sacaba al otro del camino, pero me recuperaba y me decía a mí mismo: "Es un tropezón y no una caída."

Abraham Lincoln

lunes, 5 de julio de 2010

Receta para un matrimonio feliz


¿Cómo deben comportarse mutuamente un marido y una esposa?, no es una cuestión sencilla. Algunas veces las circunstancias conspiran de un modo extraño, de modo que la riqueza o una vida fácil pueden llevar a que una pareja se separe, mientras que lo que parece una montaña de problemas, visto desde afuera, puede ser el momento de mayor felicidad que los una aún más.


A diferencia del tipo de confianza que cambia según la situación, el verdadero amor, en el más profundo sentido de un vínculo entre dos personas, es algo que se desarrolla enfrentando tormentas. Pero esto no significa que uno de los dos tenga que ceder siempre frente al otro o que la felicidad de uno pueda ser construida basándose en el sufrimiento del otro.

El marido no es el centro de la relación, ni tampoco lo es la esposa. No es una cuestión de quién es el líder o de quién debe sacrificarse por el éxito o la felicidad del otro. Del mismo modo que una canción es una unión entre poesía y música, marido y esposa son individuos iguales, quienes a la vez ejecutan juntos una melodía de vida. Pienso que lo importante es cuán bella canción pueden crear juntos esos compañeros de vida.

Creo que para lograr una relación profunda y armoniosa, los dos ingredientes más importantes son un sentimiento de gratitud y un objetivo común.

En la sociedad actual, tal vez, una familia debería ser considerada como un avión. Zarandeada por los vientos de los cambios, los copilotos tienen la responsabilidad de lograr un arribo seguro. La estabilidad del avión en vuelo requiere de una clara dirección, impulso y esfuerzo constante. Y un vuelo exitoso requiere que los copilotos mantengan su visión en la misma dirección.

Escuché una historia sobre una esposa que estuvo deprimida por largo tiempo y que pasaba todos sus días en cama. Un médico, que la conocía a ella y a su marido, escribió una receta y se la entregó al marido. Cuando la esposa vio la receta, se sorprendió mucho.

En la receta decía: “Cuando su esposo le ofrezca la medicina, bébala luego de haberle dicho «gracias» tres veces”. Ella pensó que esto era bastante raro, pero como estaba subrayado, dijo tres veces “gracias” antes de beber la medicina. Entonces se dio cuenta de que no había usado esa palabra durante un largo tiempo. A partir de entonces, cada vez que repetía “gracias” tres veces, su salud y felicidad fueron retornando poco a poco. Una humilde expresión de gratitud hace hermosa a una persona, no sólo en el corazón, sino también en la apariencia. (¡No hay necesidad de aclarar que esta lección también se aplica a los esposos!).

Un proverbio inglés dice: “Abra bien los ojos antes del matrimonio y entreciérrelos luego de casarse”. Ambos, esposo y esposa, deben tratar de ser tolerantes y tener un gran corazón para perdonar fallas y errores menores del cónyuge. Si usted está siendo juzgado y criticado constantemente, no sentirá deseos de tratar de cambiar, aun cuando sepa que lo que se le está señalando es cierto.

Me gustaría compartir con ustedes otra anécdota que dice mucho sobre el amor entre marido y esposa. Esta es de la obra de O. Henry: El regalo de la maga. Trata sobre una joven pareja, Della y Jim, que son pobres y viven en un departamento alquilado casi sin muebles. Es la víspera de Navidad y ambos han estado pensando qué regalarse mutuamente para mostrar su amor. La esposa, Della, quiere regalarle a su marido una cadena para el reloj de oro que heredó de su abuelo y del cual está muy orgulloso. La cadena cuesta veintiún dólares, pero ella sólo tiene 1.87 dólares. Entonces, decide que lo único que puede hacer es vender su hermoso cabello castaño, que es tan largo que le llega hasta las rodillas. En la mayoría de las culturas, las mujeres sienten que su cabello es algo muy valioso. Pero Della hace el sacrificio de vender su cabello a un fabricante de pelucas y compra una cadena de platino con ese dinero.

Con el corazón latiendo apresuradamente, espera el regreso de su marido. Cuando él arriba y la ve, se siente perdido. El regalo que él le ha comprado es un par de hermosas peinetas de carey para su largo cabello. Della le asegura que volverá a crecer pronto y le ofrece la cadena de platino. Jim se desploma en el sofá y le dice con una sonrisa: “Della, guardemos nuestros regalos de Navidad durante un tiempo. Son demasiado hermosos para usarlos ahora. Yo vendí el reloj para comprar las peinetas”.

Esta historia, cómica y patética, demuestra a través de los regalos que intercambian, cuán profundo es el amor entre ellos. Cada uno ha sacrificado algo muy querido para comprar un regalo adecuado. Pero cuando entregan sus regalos, se encuentran con que no hay más reloj de oro para utilizar la cadena y no hay más cabello castaño para usar las peinetas. Ambos regalos se han tornado inútiles para ellos. Una pareja joven moderna dirá que si se hubieran tomado la molestia de conversar de antemano qué se iban a regalar, se hubieran ahorrado el gasto inútil. Pero la anécdota trata sobre algo que trasciende este tipo de lógica calculadora. Trata sobre la belleza del amor profundo entre cónyuges.

El amor toma un millón de formas diferentes. Algunas veces, para quienes miran desde afuera, el marido puede parecer insoportablemente dominador y, sin embargo, la pareja se mantiene con un sorprendente grado de armonía. Por otro lado, hay casos en que la esposa parece salirse con la suya en todo y, no obstante, prevalece una atmósfera pacífica. No es, de hecho, la apariencia externa lo que importa; siempre pienso que cuando una pareja ha compartido las alegrías y las penas de la vida por un largo período, entre ellos crece un profundo vínculo que no puede ser cercenado por fuerzas externas. Este no es el tipo de amor abierto y directo que podemos ver en las parejas jóvenes. Es algo amplio y profundo, un sentimiento de destino compartido.

He conocido unas veinte o treinta parejas mayores quienes parecían poseer este poder y he sentido la atmósfera de indescriptible plenitud y madurez que crean. No encontrarán en esas parejas la conversación tediosa y quejosa de alguna gente anciana. Y aunque muchos de ellos no han llevado vidas fáciles, no hay tristeza en sus expresiones. Sólo encontrarán el sentido de profunda autosuficiencia que se obtiene cuando dos personas han atravesado juntos, exitosamente, situaciones difíciles en la vida y un aprecio del valor del tiempo que les queda para estar juntos.

© Soka Gakkai.

Por Daisaku Ikeda

Canción del amor lejano


Ella no fué, entre todas, la más bella,pero me dió el amor más hondo y largo. Otras me amaron más; y, sin embargo,a ninguna la quise como a ella.

Acaso fué porque la amé de lejos,como una estrella desde mi ventana...Y la estrella que brilla más lejana nos parece que tiene mas reflejos.
Tuve su amor como una cosa ajena como una playa cada vez más sola, que unicamente guarda de la ola una humedad de sal sobre la arena.

Ella estuvo en mis brazos sin ser mía, como el agua en cántaro sediento,como un perfume que se fué en el viento y que vuelve en el viento todavía.
Me penetró su sed insatisfecha como un arado sobre llanura,abriendo en su fugaz desgarradura la esperanza feliz de la cosecha.

Ella fué lo cercano en lo remoto,pero llenaba todo lo vacío,como el viento en las velas del navío,como la luz en el espejo roto.
Por eso aún pienso en la mujer aquella,la que me dió el amor más hondo y largo...Nunca fué mía. No era la más bella. Otras me amaron más ... Y, sin embargo,a ninguna la quise como a ella

Por: José A. Buesa

Canto a mi mismo

Me celebro y me canto a mí mismo.

Y lo que me atribuyo, también quiero que os lo atribuyáis,
pues cada átomo que me pertenece también os pertenece
a vosotros.
Vago e invito a vagar a mi alma.

Vago y me tumbo a placer sobre la tierra,
para contemplar una brizna de hierba estival.
Mi lengua, cada molécula de mi sangre emanan de este
suelo, de este aire.

He nacido aquí, de padres de cuyos padres nacieron aquí y
cuyos padres también nacieron.
A los treinta y siete años de edad, en perfecta salud,
comienzo a cantar, deseando hacerlo hasta la muerte.

Que se callen los credos y las escuelas,
que retrocedan un momento, conscientes de lo que son y
sin olvidarlo nunca.
Me brindo al bien y al mal, dejo hablar a todos,
a la desenfrenada Naturaleza con su energía original.

Por: Walt Whitman

domingo, 4 de julio de 2010

Media Cobija


Don Roque era ya un anciano cuando murió su esposa.

Durante largos años había trabajado
con ahinco para sacar adelante a su
familia.

Su mayor deseo era ver a su hijo
convertido en un hombre de bien,
respetado por los demás,
ya que para lograrlo dedicó su vida y su escasa fortuna.

A los setenta años, Don Roque se
encontraba sin fuerzas, sin esperanzas,
solo y lleno de recuerdos.

Esperaba que su hijo, ahora brillante profesional,
le ofreciera su apoyo y comprensión, pero veía pasar los días sin que este apareciera y decidió, por primera vez un su vida, pedirle un favor.

Don Roque tocó la puerta de la casa donde vivía el hijo con su familia.

-Hola papá! qué milagro que vienes por aquí!
-Ya sabes que no me gusta molestarte,
pero me siento muy solo;
además estoy cansado y viejo.
-Pues a nosotros nos da mucho gusto
que vengas a visitarnos ya sabes que
esta es tu casa.
-Gracias hijo, sabía que podía contar
contigo, pero temía ser un estorbo.
-Entonces, no te molestaría que me
quedara a vivir con ustedes?
Me siento tan solo!.

-Quedarte a vivir aqui?
Sí... claro...pero no sé si estarías
a gusto. Tu sabes,
la casa es chica...mi esposa es
muy especial...y luego los niños...
-Mira, hijo, si te causo muchas
molestias olvídalo.
No te preocupes por mí,
alguien me tenderá la mano.
-No padre, no es eso.
Solo que...no se me ocurre
donde podrías dormir.

No puedo sacar a nadie de su cuarto,
mis hijos no me lo perdonarían...
o solo que no te moleste....
.................................

-Qué hijo?
-Dormir en el patio...
-Dormir en el patio, está bien.
El hijo de Don Roque llamó
a su hijo de doce años.
-Dime papá.
-Mira, hijo, tu abuelo se quedará a
vivir con nosotros.

Traele una cobija para
que se tape en la noche.
-Si, con gusto...y donde va a dormir?
-En el patio, no quiere que nos
incomodemos por su culpa.

Luis subió por la cobija,
tomo unas tijeras y la cortó en dos.
En ese momento
llegó su padre.

-Que haces Luis? Por qué cortas
la cobija de tu abuelo?
-Sabes papá, estaba pensando...
-Pensando en qué?
-En guardar la mitad de la cobija
para cuando tú seas ya viejo
y vayas a vivir a mi casa.

Autor> Anónimo

¿Seríamos capaces de un amor tan grande?

La historia de la extraordinaria devoción de una mujer Sara con su marido. Que é1 mereciera o no tanto amor, o los motivos que lo movieron a obrar como lo hizo, no tiene importancia.


Esta historia comienza a principios de 1950, en el pequeño apartamento que el matrimonio Taylor tenia en Waltham (Massachusetts). Edith, que llevaba ya 23 anos de casada con Karl, tenia la certeza de ser “la mujer más afortunada del barrio”. Su corazón todavía saltaba de alegría cuando él entraba en la habitación. En cuanto a Karl, daba toda la impresión de un hombre enamorado de su esposa. Si su trabajo en un almacén del gobierno to obligaba a salir del pueblo, escribía a Edith todas las noches y le enviaba modestos presentes desde cada lugar que visitaba.

En febrero de aquel año, Karl fue enviado a Okinawa para que se hiciera cargo durante varios meses de un nuevo almacén gubernamental. Era mucho tiempo el que estaría ausente, y tan lejos! Esta vez no llegaban regalos, pero Edith comprendía: Karl estaba guardando el dinero para comprar la casa que desde mucho tiempo atrás soñaban poseer algún día. Pasaban lentamente los meses de soledad. Cada vez que Edith esperaba el regreso de Karl, le escribía é1 que debía permanecer allí “tres semanas más”, “otro mes”, “solamente dos últimos meses”. Ya había trascurrido un año y sus cartas eran menos frecuentes cada vez. La falta de regalos era comprensible, pero no gastarse unas cuantas monedas en sellos de correo? Luego, tras varias semanas de silencio, llegó una carta: “Querida Edith: Quisiera que hubiese una manera menos dolorosa de decírtelo, pero nuestro matrimonio ha terminado...”

Edith se dirigió al sofá y se dejó caer en e1. Karl había obtenido un divorcio por correspondencia y se había casado con Aiko, una criada japonesa de 19 anos, asignada a la residencia del personal del almacén. Edith tenia entonces 48. Si estuviera yo inventando este relato, la esposa abandonada objetaría ante los tribunales aquel divorcio ilegal. Edith cobraría odio a su marido y a la rival y se propondría vengarse al ver destrozada su vida. Pero me limito a describir lo que sucedió. Edith no le cobró odio a Karl; tal vez, como lo había querido durante tantos años, le era imposible ya dejar de hacerlo.

Puedo imaginar la situación: Karl se sentía solitario, estaba en constante proximidad con la japonesita... Pero aún así, Karl no había tomado el camino más fácil y menos decente: había preferido divorciarse a aprovecharse de una muchacha humilde. Lo único que Edith juzgaba imposible de creer era que él hubiese dejado de quererla. Algún día, de algún modo, Karl volvería a su lado.

Edith ordenó su existencia en torno a tal idea. Escribió a Karl y le pidió que no dejara de enviarle noticias suyas. Así, recibió con el tiempo la nueva de que é1 y Aiko esperaban un niño. María nació en 1951 y Helen en 1953. Edith envió regalos para las dos. Seguía escribiendo a Karl y este le contestaba: a Helen le había salido el primer diente, Aiko hablaba ya mejor el ingles, él había disminuido de peso.

Y entonces llegó la terrible noticia. Karl padecía cáncer del pulmón y se moría. Sus ú1timas cartas reflejaban un miedo tremendo, no por el mismo, sino por Aiko y las dos niñitas. Karl había empezado ahorrar para enviarlas a una escuela en Estados Unidos, pero todo se le iba en cuenta del hospital – Que sería de ellas?

Edith comprendió que el último presente que podría hacerle a Karl sería el devolverle la paz de espíritu. Le escribió, pues, que si Aiko estaba dispuesta, ella se haría cargo de Maria y de Helen y las criaría en Waltham. Pasaron muchos meses desde la muerte de Karl, y Aiko se resistía a separarse de las niñas, que representaban todo su bien en la vida. Pero, que podía ofrecerles ella, salvo la pobreza, la servidumbre y la desesperanza? Y en noviembre de 1956 las envió al lado de “la querida tía Edith”.

Bien sabía Edith que a los 54 años le iba a resultar difícil servir de madre a dos criaturas, una de cinco años y la otra de tres. No había pensado en que, durante el tiempo pasado desde que Karl murió, ambas habían olvidado el poco ingles que sabían. Pero las niñas aprendieron rápidamente. Su mirada perdió el terror inicial, sus caritas se redondearon. Y Edith, por primera vez en seis años, se apresuraba a volver del trabajo a casa. Hasta el preparar las comidas le resultaba de nuevo motivo de alegría!. Mas tristes eran los momentos en que llegaban cartas de Aiko. “Tía, dígame que hacen, si Helen o María lloran o están contentas”. En el ingles rudimentario de Aiko, Edith adivinaba su soledad, y ya sabía ella lo que era la soledad. Y comprendió lo que debía hacer: traer allí a la madre.

Así lo decidió, pero Aiko era aún ciudadana japonesa y el hacerla venir exigiría una espera de varios años. Fue entonces cuando ,Edith Taylor me escribió para preguntarme si no podría yo hacer algo en su favor. Narre el caso en mi sección periodística. Otros hicieron su parte. Se elevaron varias peticiones a las autoridades de emigración, y en agosto de 1958 se autorizó la entrada de Aiko Taylor en el país. Cuando el avión aterrizaba en el Aeropuerto Internacional de Nueva York, Edith tuvo un momento de pánico. Y si llegaba a tomar odio a esa mujer que le había arrebatado a su marido? El último pasajero que descendió del avión era una muchacha tan pequeña y delgada que al principio Edith la creyó una niña. Allí seguía, aferrada a la baranda, y Edith comprendió que si ella había tenido miedo, Aiko estaba casi aterrorizada.

Edith la llamó por su nombre y Aiko bajó los escalones a la carrera y se echó en sus brazos. Mientras se abrazaban, asalto a Edith un pensamiento extraordinario: “Yo oraba para que Karl volviera. Y ha vuelto al fin, en sus dos hijitas y en esta dulce muchacha a la que él quiso. Ayúdame, Dios mío, a quererla yo también”.

POSDATA. Hoy, siete años después de la aparición de su historia en Guideposts, Edith, Aiko Taylor y las dos niñas viven juntas en el mismo apartamento de Waltham. “Tía Edith” esta muy orgullosa de ser la “otra madre” de María, destacada alumna del noveno grado, de Helen, que asiste a la Escuela de Ballet de Boston. Aiko habla bien el inglés y se propone ir este ano al Japón para visitar a su familia. Y Edith me ha escrito: “Aunque Dios se llevo a un ser a quien quería muchísimo, me ha dado otros tres a quienes brindar mi cariño. Mi gratitud es infinita”.



Tomado de Selecciones Julio de 1966. Derechos Reservados Guideposts New York 1955.

El día en que cambié

Y así, después de esperar tanto, un día como cualquier otro decidí triunfar.
Decidí no esperar las oportunidades sino salir a buscarlas.
Decidí ver cada problema como la oportunidad de encontrar una solución.
Decidí ver cada desierto como la oportunidad de encontrar un oasis.

Decidí ver cada noche como un misterio a resolver y cada día como una nueva oportunidad de ser feliz.
Aquel día descubrí que mi único rival no era más que mis propias
debilidades, y que esta la única y mejor forma de superarlas.
Aquel día comencé a ser fuerte, feliz de verdad, gracioso. Aquel día dejé de temer por cada vez que perdía y sentí que para vencer no es necesario ganar.

Ví que dar lo mejor de mí me hacía feliz, así no fuera el primero, así no
me coronaran o me aplaudieran.
Sentí nuevamente que el único rival es uno mismo.
Descubrí que no era yo el mejor y que quizás nunca lo fui, me dejó de
importar quién ganara o perdiera, ahora me importa simplemente sentirme
mejor que ayer.

Aprendí que lo difícil no es llegar a la cima, sino jamás dejar de subir.
Pero también vi que a veces se cae y que el único camino es pararse y seguir.
Aprendí que el mejor triunfo que puedo adquirir es tener el derecho de
llamarle a alguien “amigo”.

Descubrí que el amor es más que un simple estado de enamoramiento, “el amor
es una filosofía de vida”.
Aquel día dejé de ser un reflejo de mis escasos triunfos pasados y empecé a
ser mi propia tenue luz de este presente; aprendí que nada sirve ser luz si
no vas a iluminar el camino de los demás.

Aquel día decidí cambiar tantas cosas, aquel día aprendí que los sueños son
solamente para hacerse realidad, desde aquel día ya no duermo para
descansar. Ahora simplemente duermo para soñar.....

Autor: Anónimo

Eres mi inspiración

Su nombre era Mrs. Thompson. Mientras estuvo al frente de su clase de 5º grado, el primer día de clase lo iniciaba diciendo a los niños una mentira.


Como la mayor parte de los profesores, ella miraba a sus alumnos les decía que a todos los quería por igual. Pero eso no era posible, porque ahí en la primera fila, desparramado sobre su asiento, estaba un niño llamado: Teddy Stoddard.

Mrs. Thompson había observado a Teddy desde el año anterior y había notado que él no jugaba muy bien con otros niños, su ropa estaba muy descuidada y constantemente necesitaba darse un buen baño.

Teddy comenzaba a ser un tanto desagradable. Llegó el momento en que Mrs. Thompson disfrutaba al marcar los trabajos de Teddy con un plumón rojo haciendo una gran X y colocando un cero muy llamativo en

la parte superior de sus tareas.

En la escuela donde Mrs. Thompson enseñaba, le era requerido revisar el historial de cada niño, ella dejó el expediente de Teddy para el final.

Cuando ella revisó su expediente, se llevó una gran sorpresa. La Profesora de primer grado escribió: “Teddy es un niño muy brillante con una sonrisa sin igual. Hace su trabajo de una manera limpia y tiene muy buenos modales... es un placer tenerlo cerca”.

Su profesora de segundo grado escribió: “Teddy es un excelente estudiante, se lleva muy bien con sus compañeros, pero se nota preocupado porque su madre tiene una enfermedad incurable y el ambiente en su casa debe ser muy difícil”.

La profesora de tercer grado escribió: “Su madre ha muerto, ha sido muy duro para él. El trata de hacer su mejor esfuerzo, pero su padre no muestra mucho interés y el ambiente en su casa le afectará pronto si no se toman ciertas medidas”.

Su profesora de cuarto grado escribió: “Teddy se encuentra atrasado con respecto a sus compañeros y no muestra mucho interés en la escuela.

No tiene muchos amigos y en ocasiones duerme en clase”.

Ahora Mrs. Thompson se había dado cuenta del problema y estaba apenada con ella misma. Ella comenzó a sentirse peor cuando sus alumnos les llevaron sus regalos de Navidad, envueltos con preciosos moños y papel brillante, excepto Teddy. Su regalo estaba mal envuelto con un papel amarillento que él había tomado de una bolsa de papel.

A Mrs. Thompson le dio pánico abrir ese regalo en medio de los otros presentes. Algunos niños comenzaron a reír cuando ella encontró un viejo brazalete y un frasco de perfume con solo un cuarto de su contenido.

Ella detuvo las burlas de los niños al exclamar lo precioso que era el brazalete mientras se lo probaba y se colocaba un poco del perfume en su muñeca.

Teddy Stoddard se quedó ese día al final de la clase el tiempo suficiente para decir:

“Mrs. Thompson, el día de hoy usted huele como solía oler mi mamá”.

Después de que el niño se fue ella lloró por lo menos una hora..

Desde ese día, ella dejó de enseñarles a los niños aritmética, a leer y a escribir.

En lugar de eso, comenzó a educar a los niños. Mrs. Thompson puso atención especial en Teddy.

Conforme comenzó a trabajar con él, su cerebro comenzó a revivir. Mientras más lo apoyaba, él respondía más rápido.

Para el final del ciclo escolar, Teddy se había convertido en uno de los niños más aplicados de la clase y a pesar de su mentira de que quería a todos sus alumnos por igual, Teddy se convirtió en uno de los consentidos de la maestra.

Un año después, ella encontró una nota debajo de su puerta, era de Teddy, diciéndole que ella había sido la mejor maestra que había tenido en toda su vida. Seis años después por las mismas fechas, recibió otra nota de Teddy, ahora escribía diciéndole que había terminado la preparatoria siendo el tercero de su clase y ella seguía siendo la mejor maestra que había tenido en toda su vida.

Cuatro años después, recibió otra carta que decía que a pesar de que en ocasiones las cosas fueron muy duras, se mantuvo en la escuela y pronto se graduaría con los más altos honores. Él le reiteró a Mrs. Thompson que seguía siendo la mejor maestra que había tenido en toda su vida y su favorita.

Cuatro años después recibió otra carta. En esta ocasión le explicaba que después de que concluyó su carrera, decidió viajar un poco. La carta le explicaba que ella seguía siendo la mejor maestra que había tenido y su favorita, pero ahora su nombre se había alargado un poco, la carta estaba firmada por Theodore F. Stoddard, MD.

La historia no termina aquí, existe una carta más que leer, Teddy ahora decía que había conocido a una chica con la cual iba a casarse.

Explicaba que su padre había muerto hacía un par de años y le preguntaba a Mrs. Thompson si le gustaría ocupar en su boda el lugar que usualmente es reservado para la madre del novio, por supuesto Mrs. Thompson acepto y adivinen...

Ella llega usando el viejo brazalete y se aseguró de usar el perfume que Teddy recordaba que usó su madre la última Navidad que pasaron juntos. Se dieron un gran abrazo y el Dr. Stoddard le susurró al oído, “Gracias Mrs.Thompson por creer en mí. Muchas gracias por hacerme sentir importante y mostrarme que yo puedo hacer la diferencia”.

Mrs. Thompson con lágrimas en los ojos, tomó aire y dijo, “Teddy, te equivocas, tú fuiste el que me enseñó a mí que yo puedo hacer la diferencia.

“No sabía cómo educar hasta que te conocí”.

Alegra el corazón de alguien hoy... comparte este mensaje. Recuerda que a donde quiera que vayas y hagas lo que hagas, tendrás la oportunidad de tocar y/o cambiar los sentimientos de alguien, trata de hacerlo de una forma positiva.

“Los amigos son Ángeles que nos levantan sobre nuestros pies cuando nuestras alas tienen problemas para recordar como volar”.