jueves, 5 de agosto de 2010
A corregir la miopía
Es hora de que nos levantemos y actuemos fervientemente con la esperanza de mejores días.
Los grandes retos producen grandes hombres y mujeres, capaces de vencer sus propios pensamientos negativos y mirar hacia el futuro que se desea construir con determinación y gallardía.
Panamá, tierra donde cruzan los dos mares, puente que une al norte y el sur, tierra que ha visto nacer los corazones de hombres y mujeres, jóvenes y niños dignos. Es hora de que nos levantemos y actuemos fervientemente con la esperanza de mejores días. Como decía Walt Disney, ‘‘si lo sueñas, puedes hacerlo’’.
Panamá se merece que veamos más allá de donde nuestra mirada generalmente alcanza; soñar con imposibles para lograr posibles.
¿Cuál será la visión de nuestro país dentro de 15 ó 20 años? ¿Qué deseamos legar a nuestros hijos o nietos? O sencillamente podemos, como decía alguien, ‘‘tomarnos la foto como héroes ahora y mañana a otro con el problema’’, como ya hemos hecho.
La gran agenda nacional es la prioridad de Panamá; algo que sobrepasa el partido político o personas que entran al Palacio de las Garzas cada cinco años; algo que busque objetivos básicos y estrategias de desarrollo culturales y étnicas; que lleve siempre a Panamá hacia grandes desafíos y logros. No hablamos de una uniformidad de políticas, ni de seres humanos iguales, sino del verdadero deseo del pueblo, con todos sus elementos - positivos o negativos- hacia un futuro sostenible de esta tierra. Lamentable sería que cada cinco años cambiáramos de dirección, pues nunca avanzaríamos correctamente.
Panamá se encuentra ante los ojos del mundo. Los deseos personales y los de la nación, así como la soberanía y el desarrollo de la felicidad que cada panameño ha deseado desde los inicios como república, no solo se lograrán con el cambio estructural de políticas y lineamientos de gobierno, o nuevas leyes que ayudan a delinear estructuralmente un país. El cambio se producirá como parte integral de esa sociedad multi cultural que somos.
Pensar que solo unos cuantos pueden cambiar o mejorar este país es igual que pensar que unos cuantos son el problema del país. Todos por igual, presidentes o presidentas, trabajadores y empresarios, campesinos, amas de casa, funcionarios de Gobierno, indígenas y extranjeros (residentes en Panamá), ricos y pobres, jóvenes y niños de cualquiera edad, debemos participar, pues tenemos el potencial de cambio de la comunidad, de la sociedad, del país y el mundo. El solo hecho de creer fielmente en este principio, cambia la estructura general de nuestra nación.
Han existido grandes hombres que, fieles a este principio, actuaron sin pensar que otros lo fueran a hacer por ellos. Actuaron fervientemente con el ideal de ver la bandera panameña ondear en todos los rincones de nuestra nación. Asumir la responsabilidad del pasado y enfrentarse con fe (en nosotros mismos) hacia el futuro, con todos los panameños como fuente de consulta, diálogo y optimismo, es lo que nos depara. ¡Corrijamos la miopía!
Durante muchos años he sido un fiel observador de las políticas socioeconómicas de mi país. Deseo aclarar de inicio que no pertenezco a ningún partido o facción política, grupo o asociaciones que intervengan dentro del acontecer político de Panamá. Soy un simple ciudadano panameño con deseo de aportar algo a su querido país y lo que me invita a escribir estas líneas es la preocupación constante por la tierra.
El grado de participación que tomaré de ahora en adelante frente a posiciones estará siempre basado en un sentimiento patriótico y humanista por nuestra querida Panamá.
Nuestro país enfrenta grandes retos, envidiables para muchos, así como grandes responsabilidades para nosotros. Retos que sobrepasan los ámbitos políticos, el revanchismo entre partidos o familias, las ideologías atrasadas e incluso, nuestros propios conceptos personales para colocar el objetivo en un plano nacional.
Según nuestro punto de vista, Panamá vive una grandiosa y única oportunidad. No hablamos solo de la reversión del Canal o el cambio de milenio, sino también de un mejoramiento continuo de la calidad de vida de cada panameño; de trabajar por una actitud de servicio hacia las demás personas, por una justicia social para todos; por una actitud positiva hacia nuestros recursos humanos y naturales y hacia nuestro medio ambiente. En fin, por el futuro de Panamá.
Hoy tenemos una gran montaña que escalar hacia el siglo venidero. Una montaña que abriga esperanzas, felicidad, tristezas y otras cosas. Una montaña que nos toca escalar a todos por igual, paso a paso y como nunca antes en la historia de Panamá. Un poema de un gran escritor, Daisaku Ikeda, dice: ‘‘Dijo un celebre alpinista, ¿por qué me dedico a escalar? ¡Porque existen las montañas!’’. Una actitud semejante debemos tener frente al gran reto que cada panameño tiene. Sencillamente es enfrentarlo y siempre salir victorioso.
Panameños, escalemos juntos la montaña del siglo XXI.
Por Paul Bocanegra Quesada
29-3-2000
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